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Consejos para analizar y elegir el calzado de montaña


tomado de: Desnivel.com


Todos somos conscientes de que adquirir prendas y equipamiento técnico de montaña que sea de calidad puede conllevar un ga




sto económico muy importante. Aunque en ocasiones podamos dejarnos deslumbrar por la apariencia exterior, las modas, o simplemente ser víctimas del marketing, debemos ser rigurosos y tratar de estudiar las prestaciones de los productos con cierta objetividad. Precisamente éste es uno de los cometidos que los miembros del jurado del premio material de Desnivel venimos desempeñando hace años, y con el que intentamos ayudar a los usuarios en la difícil tarea de la decisión a la hora de comprar. Con este artículo vamos a daros unas ideas generales, que esperemos os sean de utilidad, para realizar vuestras propias compras y basadas en vuestros personales “test de calidad”.

Para ello, lo primero es conocer los requisitos técnicos a exigir a cada producto y tratar de descubrir posibles defectos derivados de un mal diseño, así como vicios ocultos debidos a imperfecciones en los procesos de fabricación y en la naturaleza de los materiales utilizados. En principio este objetivo tratan de cubrirlo los fabricantes mediante las correspondientes pruebas de calidad, algunas perfectamente normalizadas, pero no por ello los usuarios debemos dejar de estudiar los productos y hacer nuestros correspondientes análisis. Como sería una misión imposible entrar en el detalle de todos los productos, en este artículo nos centraremos en uno concreto y muy importante: el calzado de montaña.

Diseccionando nuestro calzado

¿En qué aspectos podemos fijarnos y qué hemos de valorar para tomar una decisión apropiada a la hora de elegir el calzado? En primer lugar y antes de entrar a estudiar las diferentes partes de todo calzado, uno de los aspectos fundamentales que debemos considerar es la horma, que no es otra cosa que el patrón sobre el que se construye el calzado. Sin entrar en detalles técnicos, al menos debemos hacernos preguntas como: ¿existe suficiente espacio delante de los dedos? ¿la horma es demasiado estrecha y me comprime los dedos?... Y en el caso de que estemos buscando unas zapatillas para competir deberemos fijarnos en si la horma es más o menos estrecha o curva.

Fundamental a la hora de elegir unas zapatillas de trail running es tener claro lo que se conoce como el drop de las zapatillas, es decir, la diferencia de altura entre el punto más alto del talón de la zapatilla y el más bajo en la zona de los metatarsos. Es una medición que no se realiza desde el exterior sino internamente, aunque muchas veces a simple vista podemos hacernos una primera idea. El drop: En la imagen de abajo puedes observar dos zapatillas que aparentemente tienen un drop muy diferente, aunque la realidad es que es similar. Lo habitual hoy en día es un drop aproximado de unos 8 mm. Un mayor drop supondrá facilitar el aterrizaje de talón y cuanto menor sea el drop la recepción será más adelantada. En esto conviene ser conservador e ir variando el drop poco a poco en función de nuestras necesidades, puesto que la biomecánica de nuestra pisada cambiará y podemos lesionarnos.


Las partes del calzado

Una vez vistos los primeros aspectos teóricos, vamos a analizar las partes que componen un calzado en general. Podríamos diferenciar el cuerpo, también denominado corte, y el piso. Hoy en día el cuerpo suele ser de una sola pieza, reforzado en algunas zonas, y está fabricado con algún tipo de membrana hidrófuga, que suele ir cosida en su parte posterior hasta la suela. Interiormente pueden llevar otra pieza de cuero o similar más fina, igualmente con ciertas características impermeables y transpirables, normalmente cosida con puntada simple y con costuras termoselladas. Cerrando todo el conjunto y cosida al empeine suele ir la lengüeta, que puede estar acolchada y forrada con forma anatómica para su perfecto ajuste al empeine. Hay que fijarse detenidamente en la forma de la lengüeta y, sobre todo en las zapatillas de correr, que sea inamovible, para lo que deberá estar convenientemente cosida en el interior en los laterales.

La forma de la lengüeta: Todos los modelos llevan la lengüeta cosida para evitar que se mueva, aunque la longitud y el acolchado de cada una es diferente. Es conveniente atárselas correctamente, comprobar hasta dónde llegan y si se mueven al correr. Todas las zapatillas llevan una rejilla sobre la lengüeta que evita la entrada de piedras y suciedad dentro de la zapatilla.

La caña: podrá ir reforzada en algunas zonas, en especial la zona delantera en la puntera, que suele recibir muchos impactos y que sufre mayor desgaste. La zona trasera es conveniente que vaya moldeada anatómicamente y a ser posible acolchada. Suele ser habitual encontrar contrafuertes, que son sistemas de materiales rígidos que se colocan en diferentes partes del calzado precisamente buscando darle mayor rigidez, siendo el talón una de las zonas más habituales.

El sistema de unión entre corte y piso será pegado o cosido. Normalmente los cosidos suelen dar mejores resultados. Es una zona en la que deberemos fijarnos especialmente, tratando de averiguar cómo puede deteriorarse con un uso intensivo. No es la primera vez en que nos encontramos con calzado que acaba fallando en estas zonas.

La plantilla debe ser de alguna fibra absorbente al sudor, preferiblemente perforada, y con terminación anatómica. Debemos tener en cuenta que la función principal de la plantilla es minimizar la fricción del pie con el calzado, evitando rozaduras y ampollas, pero siempre es de agradecer que se haya utilizado algún compuesto que favorezca la amortiguación. Tenemos desde plantillas totalmente perforadas, específica de una zapatilla especialmente diseñada para ser utilizada en medio acuático, a los modelos en los que priman la amortiguación en base a plantillas de Ortholite, pasando por una solución intermedia.


Foto 2: Zapatillas con la lengüeta cosida.

Foto 3: Diferentes contrafuertes en la zona del talón.

Foto 4: Zapatilla descosida en la zona de unión entre corte y piso.

Foto 5: Diferentes plantillas.

La mediasuela es la capa entre el corte y la suela, y sus funciones buscan la amortiguación y la estabilidad, por lo que pueden contar con alguna pieza antitorsión entre ella y la suela. Los materiales con los que se ha construido la mediasuela, sus densidades y colocación, van a servir para limitar movimientos al pie que puedan ser lesivos, y con ellos se diseñan calzados específicos para determinado tipo de pisadas corrigiendo la pronación y supinación. Es una zona del calzado a la que también debemos prestar especial atención puesto que nos va a dar mucha información.

Las suelas pueden ser de muchas clases, en función del terreno para el que han sido concebidos los diversos modelos de calzados, y en su caso debemos fijarnos si están adaptadas para su uso con crampones y de qué tipo. Su función principal debe ser la adherencia, el agarre y la tracción, pero sin descuidar igualmente la amortiguación y la estabilidad.


Diferentes tipos de suela adaptadas para usar por terreno de montaña irregular.

Desgaste: Igualmente, debemos tener en cuenta que si las suelas están construidas con materiales blandos ganaremos en sensibilidad, y probablemente en adherencia, pero a costa de perder en durabilidad. Como en mucha cosas siempre hay que buscar el equilibrio, a nos ser que tengamos muy clara nuestra preferencia. En cualquier caso debemos también tener en cuenta el tipo de terrenos en el que más vayamos a utilizar nuestro calzado.

Laboratorio de pruebas para el calzado

Tras este primer repaso llega el momento de ir un poco más allá. Tal y como hemos hecho en este análisis teórico previo a la hora de analizar las características técnicas, seguiremos un esquema en función de los componentes principales que tiene el calzado.

En el caso del corte o cuerpo del calzado en un laboratorio se analizan aspectos como los siguientes: clase de materia prima, grosor, resistencia a la tracción, resistencia al desgarro, absorción de agua y tiempo de penetración, permeabilidad al vapor de agua y pruebas de capilaridad. Igualmente si está constituido por varias láminas en sucesivas capas (tejido exterior, capa intermedia, membrana impermeable y transpirable, y malla interior) las características técnicas a considerar pueden ser: aislamiento térmico, resistencia al vapor de agua, resistencia a la penetración del agua con ensayos bajo presión hidrostática, resistencia a la abrasión de la capa del forro en contacto con el pie en seco y en húmedo, así como resistencia a la abrasión de la malla interior del forro en seco. Asimismo se analizan los hilos de corte, a los que también se les hacen pruebas de capilaridad, y los cordones, estudiándose su resistencia a la tracción, longitud y capilaridad. Finalmente, en la suela se pueden analizar aspectos tales como la densidad, grado de dureza y resistencia a la flexión y la abrasión.

Sin entrar en detalle, pero para entender qué significa este galimatías, concretaremos un poco algunas de ellas. Así, para medir la resistencia al rasgado se somete una muestra rectangular del cuerpo del calzado a una fuerza de tensión, una vez iniciado un corte de rasgado. Se mide la fuerza necesaria para rasgar completamente la muestra, y los datos indican la resistencia al rasgado. La resistencia de la plantilla a la abrasión se puede medir sometiendo a la plantilla a miles de ciclos sobre una superficie, simulando el roce interno del pie. Para evaluar la resistencia a la flexión de la suela se realizan miles de ciclos de flexión, simulando el ejercicio de andar, y evaluándose las grietas que aparecen y el tamaño de las roturas. Igualmente, en la prueba que mide la resistencia de la suela a la abrasión, se trata de evaluar el tiempo que permanecerá la suela en buen estado tras un uso intensivo, para lo que se carga con un peso y se arrastra sobre una superficie abrasiva, midiéndose el volumen de material perdido por la suela. Por último la capacidad de amortiguación del talón puede medirse aplicando una fuerza sobre el talón y midiendo la fuerza de reacción recibida.

Todos estos ensayos se realizan en laboratorios certificados y todos hemos visto alguna foto de maquinaria que intenta simular condiciones lo más ajustadas a la realidad, como por ejemplo simuladores de marcha. Obviamente, al no tener la posibilidad de realizar este tipo de pruebas nosotros debemos fijarnos más en aspectos funcionales, pero siempre podemos hacer nuestras propias pruebas. Así, por ejemplo, podemos sumergir calzados similares 1 cm en agua, midiendo después de dos horas cuánto ha subido la misma sobre el material. Para ello, presionando la muestra suavemente sobre un papel absorbente, se puede medir la altura de absorción. Igualmente, podemos aprovechar para comprobar el grado de humedad en el interior del calzado.

Otros consejos a tener en cuenta

A la hora de hacer la elección de tu modelo, otros detalles a tener en cuenta son: que su ergonomía sea la adecuada, que el pie se introduzca y se saque sin dificultad, que se proporcione un folleto de instrucciones sobre la utilización y el mantenimiento del producto, así como la existencia de un par de cordones de repuesto. Es conveniente revisar el interior, metiendo la mano, para comprobar el acabado, las costuras, y que no se despegan las diferentes partes. Igualmente es aconsejable que la plantilla se pueda extraer con facilidad. Atención siempre al material con el que se ha construido la parte superior del cuerpo (upper), ya que es una zona en la que las ramas y los enganchones estropean mucho el calzado. Un truco para comprobar la resistencia al desgarro y la abrasión es utilizar con cuidado un papel de lija. Si buscamos una zapatilla flexible no dudemos en comprobarlo y contrastarlo con otros modelos.

Finalmente, recuerda que para tener el mejor calzado también es importante mantenerlo correctamente, siguiendo los consejos que da el fabricante, evitando exponerlo mucho tiempo al calor y secándolo correctamente después de su uso.